miércoles, 16 de marzo de 2016

"PRIMAVERA DEL 63"


“Primavera del 63”.
El día había amanecido con buen sol, aunque la mañana estaba fresca. La primavera parecía como que se adelantaba al comienzo oficial. Las familias habían madrugado aquel 17 de Marzo de 1963. Esperaban charlando con “voz religiosa” por los pasillos del claustro del seminario mayor. Nosotros, nerviosos, esperábamos a que sonaran los timbres para bajar a la capilla.
El Arzobispo Morcillo había llegado ya con sus acompañantes, y todo estaba preparado para dar el “gran paso”. Íbamos a ser ordenados sacerdotes once compañeros de curso; aquel “curso” que había comenzado un 29 de Septiembre de 1951.
“Los que estén dispuestos que den un paso al frente”.
Después vendrían las Letanías de los Santos, la homilía del Arzobispo, la imposición de las manos sobre las cabezas de cada uno de nosotros, el beso cálido del Obispo en nuestras mejillas, la investidura de la vestimenta característica del sacerdote, la primera concelebración de la Santa Misa con el Obispo, y el reconocimiento oficial a los padres como “padres de sacerdotes”, y todas las felicitaciones y agasajos de todos los presentes.
Anteriormente, el 22 de Diciembre del 62 y posteriormente, el 17 de Febrero del 63, habíamos sido ordenados de Subdiáconos y Diáconos respectivamente.


Mis padres habían llegado desde Burdeos, acompañados por el hijo del patrón y de su esposa, Pierrot y Édit Pradier. Mi padre, el anarquista, se sentía orgulloso; y mi madre plenamente emocionada. Para ella merecía la pena todos los sufrimientos habidos y por haber a lo largo de los 26 años que yo iba a cumplir el 30 del mismo mes de marzo. Atrás quedaba la separación de mi padre en la estación de tren de Caspe, en un día de Febrero de 1.938, y a quien no volveríamos a ver hasta otro día de Agosto de 1954 en otra estación, la de Hendaya. Esa mañana de primavera estaba también mi hermana María, mis primos hermanos, los Serrano-Gómez, los García- Gómez, seminaristas de Albalate y diversos amigos. Quise celebrar mi “Primera Misa Cantada” en el Noviciado de las Hermanas de Santa Ana, como reconocimiento personal a toda su labor en favor de los más necesitados, y como agradecimiento a que fueron ellas  las que me enseñaron a leer y escribir en la Escuela de Párvulos de Albalate, y a toda la labor misionera que estaban realizando por el mundo. Alguna de ellas era amiga de la infancia de mi hermana, como la hermana Mercedes, que todavía sigue “en activo”.
El día 21 de marzo fui a Albalate para ver a mi abuela Eulalia que se encontraba enferma en cama. Mi abuela tenía 96 años, y decía que no se quería morir hasta que no me besara las manos como sacerdote. Todos estaban seguros que así ocurriría. Estuve en casa, me besó las manos, permanecí todo el día con ella hasta que por la tarde me volví a Zaragoza en el coche de línea público. Pero al llegar a casa de mis tíos, los Serrano-Gómez, me comunicaron que habían llamado por teléfono desde Albalate diciendo que la abuela había muerto. El entierro fue al día siguiente. Hubo llantos, pero eran llantos un tanto especiales. Todos estábamos impresionados por la coincidencia de su muerte con el del cumplimiento de besarme las manos.
Terminado el curso académico en junio, hice otro “Cante de Misa” en Albalate, pero esta vez con el objetivo de los niños del pueblo. Se organizó una fiesta y les obsequié con una chocolatada. Tenía dinero puesto que se me habían hecho numerosos regalos y creí que era una buena forma de emplear lo que se me había regalado.

 
 En las viñas de Tauriac le Morón



Iglesia de Tauriac le Moron

En el mismo mes fui a Tauriac le Morón, donde vivían mis padres, y donde el sacerdote de la parroquia organizó otro “Cante de Misa”.
El ambiente de Francia era más secularizado y ya empezaban a escasear los seminaristas. En el pueblo no se había conocido ningún seminarista. La gente acudió con cierta curiosidad, porque iba a decir misa el “hijo del español anarquista”.
Mucho entusiasmo puso el sacerdote en la ceremonia, y en su predicación, no exenta de imaginación, puesto que le dije que se me había destinado como sacerdote a dos pueblecitos aragoneses separados por el río Ebro y sin puente que los uniera. Imagen que ellos comprendían muy bien desde su situación geográfica en la rivera del río Dordogne y próximo a su confluencia con el Garona.

El beso de del Arzobispo Morcillo. 17-3-1963.

(Día de la Ordenación Sacerdotal, Zaragoza a 17-03-1,963).



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