miércoles, 16 de marzo de 2016

PENSANDO EN LA MUJER



Pensando en la mujer.
Todavía quiero recordar un tema, que en aquel entorno de estudio y reflexión, se le dio bastante importancia, es el tema de la diferencia psíquica entre el hombre y la mujer. Pero sigamos el esquema de Fröbes (pág. 334):
a) “Algunas investigaciones que reunió Lipmann en una idea general parecían rebajar muchísimo esa diferencia. La curva de los trabajos en los niños supera en general a la de las niñas; primero sube muy rápidamente para continuar después menos pendiente; a los cuatro y a los diecinueve años se acercan bastante ambas curvas; a los doce años es cuando más distan entre sí. Thorndike dice: “las investigaciones de la última generación han mostrado que en la escuela el sexo femenino se halla a la misma altura que el masculino; la experiencia actual demuestra lo mismo en cuanto a la formación profesional y a los negocios; hay que admitir que esto se debe a la igualdad de talentos. Sólo aparecen diferencias bastante claras en la afectividad y voluntad. La amplitud de la conciencia es menor en las mujeres, entre ellas se encuentra más a menudo estrechez de conciencia”.
“En general se admite mayor emotividad en las mujeres. Las niñas se conmueven más facilmente que los niños, lloran y ríen con más facilidad, muestran más temor ante el examen, son más nerviosas, más excitables. La mujer lo toma todo emocionalmente, nada es para ella indiferente. Le es dificil dividir la atención entre varios objetos: cada uno le absorbe de tal manera, que por é olvida los demás (estrechez de conciencia). Son apasionadas; con toda el alma se ponen a favor o en contra de algo; odian toda tibieza; desean experimentar fuertes emociones. Tienden a las escénas dramáticas”.
b) Diferencias en el orden cognoscitivo. Ningún invento o descubrimiento notable se debe a las mujeres. Mantegazza sólo encontró 4-8 por 100 de nombres de mujeres al examinar los trabajos científicos. Pero hay que tener en cuenta que los centros de enseñanza superior estuvieron cerrados para las mujeres. Para ellas era la pintura, la música y la poesía, lo único que era igual que para los hombres. Pero a pesar de todo eran los hombres los que sobresalían sobre las mujeres. Kirchhoff preguntó en 1896 a los profesores alemanes; recibió 122 respuestas. Los juicios eran favorables a las mujeres en cuanto a aplicación y pronta comprensión, pero desfavorables en cuanto a pensar independientemente, poder de abstracción y trabajos científicos propios. Heymans en Holanda obtuvo este resultado: En los exámenes más bien quedan vencidos los estudiantes. Ellas se distinguen en el conocimiento escolar general, en el fervor, en la perseverancia en acudir con fidelidad a las preelecciones, en la escrupulosidad, en el estudio y en la buena memoria. Los hombres en cambio aplicaban mejor lo aprendido, lo completaban con su propia reflexión; tenían un conocimiento más exacto y extenso en la propia especialidad; mostraban más independencia y más crítica; más interés en lo puramente objetivo en cuestiones científicas, más estudio racional, en la fría comprensión, en la habilidad práctica, en el don de la observación, en el ingenio, en el pensar lógico, en el sano juicio, en la facultad de trabajar con conceptos abstractos, en distinguir lo esencial, en la independencia, en la investigación”.
Heymans cree que la explicación de esta diversidad depende del interés. Como lo concreto da más ocasión a sentimientos fuertes, es natural que el interés de las mujeres se dirija más a lo concreto. Para ellas, más idiomas y menos matemáticas. La abstracción repugna intrínsecamente a las mujeres.
Hombres y mujeres están de acuerdo en que los hombres son con más frecuencia razonables, objetivos, independientes en sus apreciaciones, y que las mujeres son con frecuencia intelectualmente inferiores, difusas, hablan rara vez de las cosas y a menudos de las personas. Las mujeres son superiores de ordinario en la intuición; los hombres lo son en la reflexión. La falta de lógica en la vida ordinaria que parece que tienen las mujeres, no está en que de las premisas deduzcan falsas conclusiones, sino solamente en que descuidan una parte de las premisas. Les falta sano juicio, y el fundamento de esa falta es su mayor emotividad”. Nos decía Alcalá: de la mujer hay que fiarse de su primera intuición; después hay que tener mucho cuidado porque a continuación empiezan a complicar las cosas.
Por tanto el entendimiento de la mujer no se ha de considerar tanto deficiente como diverso: se acomoda más bien a la complejidad de la vida. Discurso productivo del hombre en la ciencia, productivo de la mujer en la vida.
c) Vida de la voluntad. La mujer se entrega a todo con mucho entusiasmo, por eso el objeto le absorbe más la conciencia. El hombre obra más por principios previamente establecidos. Las mujeres son más sentimentalistas, por ello parecen menos reflexivas. ¿Se contradicen?, cómo se explica su espíritu de sacrificio y su egoísmo?.
En cuanto a las necesidades corporales las mujeres son más moderadas. Toleran más los padecimientos que los hombres. Y no es que las sensaciones corporales sean más débiles, sino que las inclinaciones dirigidas a otros fines son más fuertes.
Las mujeres están más dadas para el trato social; la conversación es más sentimental que objetiva; la convierte facilmente en fin, que satisface sus necesidades emotivas; (la mujer era más dada a acudir al confesionario que el hombre); le es difícil interrumpir la conversación (“los capazos”). La vanidad es patrimonio de la mujer, en tanto que depende de la emotividad.
En resumen: La mayor parte de las cualidades de la mujer dependen de su mayor emotividad. Se entiende muy bien con los niños, ancianos, discapacitados psíquicos, de ellos es la mejor cuidadora y educadora. Su reinado está en los colegios, guarderías, hospitales, geriátricos, y en general en los centros que generan humanismo a tope.
La emotividad es base del carácter femenino.  En la mujer aparece el cambio de afectos, la timidez, el buscar variación, la estrechez de la conciencia, la sugestibilidad, el pensar intuitivo, la impetuosidad, la vanidad, la compasión, la honradez, la nobleza, y el sentido religioso. Entre su actividad y emotividad, cuando no coinciden, prevalece ordinariamente la emotividad.
Todo esto es un atisbo de lo que se daba entonces en nuestras mentes y en nuestros sentimientos. A partir de aquí vendrá la lucha por tomar partido por una dedicación vital u otra.
Terminaban los años de filosofía y había que comenzar la etapa de la teología, etapa propiamente dicha para el objetivo por el que habíamos ido al seminario. Era el momento de elegir. Vendrían las despedidas de los amigos de la infancia, y el apretar las filas, codo con codo, de los que decidiéramos seguir adelante en el seminario.
                                                                                                 Momentos de relajación y de bromas

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