domingo, 20 de marzo de 2016

BERTA

Berta

C/. Centro, nº 9. Nuestra vivienda.


Una mujer joven que pide excedencia en su trabajo de Auxiliar de Clínica en Logroño, y se viene a vivir a Zaragoza con personas que solamente conocía de Asambleas Nacionales de la HOAC, y como militantes de la organización Hermandad Obrera de Acción Católica, lo menos que se puede decir de ella es que fue una mujer valiente. Era valiente, lista, decidida y alegre, muy alegre. Cuando no estaba de acuerdo en alguna cosa lo manifestaba sin “pelos en la lengua”, y argumentaba bien su posición.
En los primeros días de aquella comunidad de cristianos de la HOAC fue un elemento de cohesión. Ante la mujer, nosotros medíamos nuestras manifestaciones verbales y todos nuestros movimientos bruscos de hombres jóvenes. Ver su afán por tener todo limpio y agradable, hacía que nosotros nos esforzásemos no solo en limpiar, sino sobre todo en procurar no manchar innecesariamente. El principio de Berta era: “no es más limpio el que limpia más, sino el que ensucia menos”. Por el horario de su trabajo en la fábrica de juguetes y menaje, “Nacoral”, era de los primeros que se levantaba por las mañanas. Desayunaba, se preparaba su bocadillo y hasta las 14´30 horas no volvía a casa. Los demás, viéndole a ella, vencíamos más fácilmente nuestra natural pereza.
Todos los anocheceres cuando regresábamos a casa celebrábamos nuestra Eucaristía, en la que cada uno exponía cómo le había ido la jornada.
Los fines de semana, en especial, desarrollábamos nuestra actividad militante por la ciudad, y en los diferentes barrios. Los militantes estábamos perfectamente intercomunicados. Teníamos encuentros de militantes, asambleas, mini cursillos, ateneos. Fermín y Emilio se iban de vez en cuando a ver a sus familias.
Berta tenía una gran habilidad para “desaparecer”, sin darnos cuenta, de nuestras charlas de sobre mesa, y realizar su limpieza de sus prendas íntimas. La lavadora le facilitó muchísimo tan delicada tarea. Y aunque además de ser militantes, amigos, casi  “hermanos”, no cabe duda que ella era mujer y nosotros hombres. Hay momentos en los que todos necesitábamos nuestro espacio de intimidad personal. Vivir con cuatro hombres, no le debió resultar fácil, al menos los primeros días.
Los vecinos nos observaban con cierta curiosidad, y se quedaban admirados, porque lo que veían en nosotros era un interés especial por los problemas del barrio. “Esa familia de jóvenes” era distinta a lo que estaban acostumbrados a ver hasta entonces. Tampoco podían catalogarnos como comunidad religiosa, y más estando compuesta por hombres y mujeres. Algo comenzaba a cambiar en el concepto de la familia tradicional. A los militantes de Madrid, Barcelona, Valencia, Andalucía…, les ocurría otro tanto. “Son capaces de vivir juntos, quererse, respetarse, y trabajar por los demás”, manifestaban en privado algunos vecinos.

Personalmente para mí, Berta terminó siendo algo más. Nuestra edad hacía que nos entendiéramos bien y comenzábamos a descansar el uno en el otro. El afecto, el cariño, la intimidad fue en aumento entre nosotros. Cuando en el período veraniego los demás se iban a casa de sus familias, Berta y yo nos enrolábamos en aquellas excursiones que se organizaban en el día desde Zaragoza a la playa de Salou en autobús. Era un palizón, pues se salía a las cinco de la madrugada para estar a las 10 h. en la playa. Alrededor de las 19 h. era la vuelta hacia Zaragoza. Y es que Berta no tenía padres, y en Logroño solamente había quedado una hermana menor, que estaba totalmente independizada. Ambos comenzamos a ser un poco más “un tú y yo”. Todo seguía igual en nuestra casa, pero nuestros corazones estaban cada vez más unidos. Ambos nos necesitábamos y nos complementábamos.
Emilio tenía novia en Soria. Una gallega viva y sagaz como no había otra. Fermín se hacía responsable cada vez más de equipos HOAC y de ZYX. Martín tenía sus compañeros Superiores del Seminario. Berta y yo nos teníamos el uno para el otro sin descuidar lo más mínimo nuestra proyección hacia los demás. Lo que “había que hacer” estaba por encima de nosotros. Más, “era nuestro motivo de unidad y de convivencia”. Para nosotros entonces, nada tenía sentido de lo que hacíamos si no era en función de un mundo mejor.
Pasaron un par de años y, de pronto, Berta nos comunica que se vuelve a Logroño a ocupar su puesto de Auxiliar de Clínica.
Mari Carmen ocupó la habitación de Berta en casa, y seguimos trabajando intensamente en equipo.
Un fin de semana me fui a Logroño a ver a Berta. Estuve en su casa en la que vivía también su hermana. Me trató con toda delicadeza y con toda corrección, pero a la hora de volver a Zaragoza me vine sintiéndome un tanto confuso y un tanto defraudado. Le escribí y se lo manifesté. Su respuesta fue tajante: “¿crees que no te hubiera comido a besos?”. “Pero creo que es mejor dejarlo así”.
Una vez más, una mujer había influido extraordinariamente en mi maduración personal como hombre. Entonces lo comprendí mejor. La gran mujer que para mi era Berta se sacrificaba para dejarme en libertad. “No quería interponerse entre mi sacerdocio y yo”. Nunca lo dijo, pero yo sé que era eso. En cuanto a mí, y en ese aspecto de hombre-mujer en matrimonio, no había llegado el momento. Ella debía reorganizar su vida. Yo debía continuar todavía más tiempo como cura obrero. Nos seguimos escribiendo como buenos amigos hasta que un buen día me comunica que se casa con un antiguo compañero logroñés. Con mi corazón más sosegado le escribí deseándoles lo mejor.

Dos años y medio de vida en común en el barrio zaragozano de Casablanca.
Emilio se volvió a Soria a su puesto de trabajo en Telefónica. Se casó con Pili, la gallega. Fermín se fue a Barcelona haciéndose cargo como delegado de la ZYX en Cataluña. Martín continuó en una nueva comunidad en el barrio de San José en Zaragoza con Mari Carmen y sus amigas. Terminó más tarde su Tesis Doctoral en Pedagogía cuyo título era “Educación para la Paz”. Se presentó a Oposiciones de Universidad sacando el número dos en toda España. El número uno se lo llevó nuestro amigo Santiago Molina. Santiago se quedó en Zaragoza y Martín se fue a la Universidad de Oviedo. Yo me fui metiendo cada vez más en el sector de los camioneros, y desde un piso que me dejaron en la calle Pedro María Ric de Zaragoza, fui poniendo en contacto a unos con otros, organizando nuestra labor intentando paliar la problemática que tenían planteada en aquellos años todos los trabajadores de transportes.  Eran los primeros años de la década de los setenta.

Casablanca comenzó a mejorar su entorno, convirtiéndose en un nuevo y hermoso barrio  zaragozano. 
  



Lagos en el “Parque del Canal” entre Casablanca y Valdefierro. Octubre de 2.009.

Zaragoza, 1º de Noviembre de 2.009.
Laureano Molina Gómez.

Bibliografía.

(1)   Cursillo de Teología y Comunidades misioneras. Segovia, agosto de 1.970.
(2)   Ejercicios Espirituales de Tomás Malagón.
(3)   Conferencia “Cristianismo y Revolución”, de José María Díez Alegría. Asís (Italia), 1.967.
(5)   Mysterium liberationis, T. II., de Ignacio Ellacuría y Jon Sobrino. Edit. Trotta. Madrid 1990.
(6)   Tomás Malagón. Un sacerdote que creyó en los pobres. Autor: Grupo Eugenio Merino. http://www.guillermorovirosa.com/noticias197.htm
(7)   Proveeros de Burgos. Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Proceso_de_Burgos




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