jueves, 25 de febrero de 2016

PEDRO ROCHE ARNAS



PEDRO ROCHE ARNAS

(21-06-1943 -- 2-03-2015)



El Cura de Albalate del Arzobispo me encargó, como seminarista mayor, que ayudara a prepararse para el ingreso en el Seminario Menor de Alcorisa a tres chavales que querían ser seminaristas. Uno de ellos era Pedro Roche. Se trataba de repasar los temas sobre Gramática Castellana, Aritmética, Geografía, e Historia Sagrada principalmente. Disponíamos de todo el verano de 1954. Pedro tenía once años recién cumplidos. El examen de ingreso sería en el mes de septiembre. Para mí fue una gozada repasar con ellos el programa que se exigía. Pedro atrapaba los diferentes temas con gran rapidez y con muchísimo interés. Fue un verano muy intenso y muy eficaz en cuanto al objetivo que se perseguía.
El 29 de septiembre cogimos nuestro colchón y nuestro baúl con todo lo necesario para pasar todo el curso en Alcorisa: sábanas, toallas, mantas, ropa personal, palangana y vaso de noche etc. Para Navidad y Semana Santa las vacaciones las pasábamos en el propio centro educativo. Para mí sería el último año, pues al curso siguiente ingresaría en el Seminario Mayor de Zaragoza.
El “bachillerato” que hacíamos en el seminario se llamaba “humanidades”. El nombre indica el fuerte componente humanístico que tenía nuestra formación. Además de los temas ya señalados teníamos que profundizar en Historia Universal, Historia de España, Literatura Española, Matemáticas, Geometría, Física y Química, Geografía, y especialmente el estudio de la Lengua y Literatura Latina y Griega. El latín era nuestro fuerte. Desmenuzábamos los párrafos latinos analíticamente palabra por palabra, oraciónes gramaticales, frase por frase, hasta que nos hacíamos con todo el texto latino que incluso aprendíamos de memoria según la importancia del autor, que llamábamos “Pensum”: ejercicio memorístico intenso de autores latinos y griegos clásicos especialmente. Éramos unos pequeños investigadores de unos grandes autores literarios. Y eso que, en el caso que nos ocupa, Pedro comenzaba con once años, yo tenía en ese año de 1954, diecisiete años.
Nuestra jornada era muy intensa: a las 6´20 h. nos levantábamos, y hasta las 22 h. no íbamos a dormir. El Centro no disponía de calefacción, y en los dormitorios comunes había unas pilas de agua que la hacían subir con un motor desde el pozo que había en el centro del claustro del edificio. Algunos inviernos fueron muy fríos, llegamos a los -12º. Durante 20/30 minutos todos los días hacíamos meditación, al principio dirigida, después individual y personalmente en completo silencio en la capilla, y antes de la Misa. Desde la niñez y durante toda la juventud estar habituados a meditar y a reflexionar nos iba forjando nuestro carácter, y nuestra personalidad. Nos acostumbrábamos a ir a la raíz de las cosas y no quedarnos solo en las simples apariencias.
Al acostarnos cogíamos agua con nuestras palanganas que dejábamos debajo de nuestras camas para que a la mañana siguiente al levantarnos no perdiéramos más tiempo que el imprescindible para lavarnos. Oraciones colectivas en la capilla, y a las 8 h. desayunábamos. A las 9 h. en punto comenzaban las clases que se compaginaban con pequeños descansos. Las tardes las dedicábamos al estudio personal pero en salones de estudios comunes.
La gimnasia, el deporte, y la música, nos acompañarían durante todos nuestros años de estudio. Nuestro carácter y nuestras vidas se iban forjando lentamente. En aquellos años cincuenta las condiciones de vida, de esfuerzo, y nuestra alimentación, se asemejaba a la vida de los niños espartanos, cuyos relatos clásicos leíamos con avidez.
“Hombre soy, y nada de lo que es humano lo reputo ajeno de mí”, decía Publio Terencio (194 a. C.–159 a. C), dramaturgo romano. Nosotros lo simplificábamos diciendo: “Nada humano me es ajeno”. Ello podría ser la síntesis de nuestros estudios de humanidades. Durante los tres años de Filosofía en el Seminario de Zaragoza profundizaríamos más en todo ello.
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Grupo de estudiantes en fiestas de Albalate en 1958.
Entre ellos están:
Pedro Roche Arnas, Profesor emérito de la Universidad de Alcalá de Henares. Albalate. (El primero por la izquierda mirando al grupo).
Gonzalo Borrás Gualís, Profesor emérito de la Universidad de Zaragoza. Valdealgorfa. (Detrás a la derecha).
José Borrás Gualís, Ex Director General de Administración de Justicia de la DGA. Valdealgorfa. (Detrás en el el centro).
José Antonio Jiménez Comín, “Cura guerrillero”, muerto en la Guerrilla Colombiana (Ejército de Liberación Nacional) por defender a los pobres. Ariño. (Delante de pepe Borrás a su derecha).
Jesús Clavería Luego, Profesor emérito de Lengua y Literatura Latina en el Instituto Goya de Zaragoza. Desciende de Albalate. (Delante de pepe Borrás a su izquierda).
Ángel Rincón Gascón, ex Inspector de la Policía Nacional (+). Albalate.
Rogelio Gállego Vallespín, ex Inspector Industrial Europeo. Albalate.
Luis Espinosa Gómez, Técnico Administrativo. Hijar.
Serafín Andrés Martín, Técnico Comercial. Albalate. (Detrás a la izquierda de la foto).
Javier Félez Aranda, Ex empleado de Telefónica. Albalate.
José López Palacios, “el molinero”. Albalate.
Laureano Molina Gómez, ex Cura obrero y ex Educador de discapacitados intelectuales. Albalate. (A la derecha de la foto de pie y con corbata). Etc, Etc.
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Habíamos celebrado los compañeros de curso el 50 aniversario del ingreso en el Seminario de Alcorisa (1951), cuano decidí visitar a nuestro viejo profesor Padre Dominico Antonio Gelabert Fullana, residente en el colegio de los Dominicos de la plaza de San Francisco de Zaragoza. Recordando que yo era de Albalate, al igual que Pedro Roche, me contó que “un día en clase se levantó Pedro y manifestó que no estaba de acuerdo con la explicación que yo estaba dando sobre un tema concreto, y él expuso su visión. Yo me incomodé y no me sentó nada bien. Pero al llegar a casa lo estuve pensando toda la tarde. Me dí cuenta que Roche tenía razón. Al día siguiente lo primero que hice en clase y delante de todos fue decir que Pedro estaba en lo cierto, y que era justo reconocerlo por mi parte”.
Lo que el Padre Gelabert impartía en Filosofía era Lógica, Crítica y Ontología a lo largo de los tres cursos de Filosofía que estudiábamos, y antes de pasar a los estudios de Teología. Estábamos en el Seminario de Zaragoza,  edificio de las actuales dependencias del Ayuntamiento de la ciudad. Estudiar el procedimiento del método lógico, la capacidad crítica, y la profundización en el Ser de todas las cosas y del Ser humano, nos marcó muy seriamente en el desarrollo de nuestra educación. Nos acostumbrábamos a lo largo de tres años a ir a la raíz de los problemas.
La visión de Gelabert se completaba con la de Ángel Alcalá Galve  en Psicología tanto Experimental como Metafísica, y con la de Francisco Izquierdo Molins  en Cosmología, Teodicea y Ética. Carlos Castro Cubells por su parte hacía un extensivo y profundo desarrollo de la Historia de la Filosofía. “Era un viaje por las entrañas de la Humanidad”. Otros profesores como el sacerdote José Mª. Cabodevilla, fino y pródigo escritor de varios libros, Sebastián Sánchez que terminó haciéndose cura obrero, y otros muchos más profesores completaron nuestra formación humanística. Cabodevilla nos hacía reflexionar sobre una frase suya que demostraba un buen conocimiento de la condición humana. Decía “La sombra de la Cruz es más grande que la misma Cruz”. El sufrimiento ante un problema grave que se espera es muchas veces más grande que el sufrimiento en la superación del problema.
Gelabert en una de las clases complementarias impartió un curso de francés con el clásico Método Perrier  (Lengua Francesa. Curso Superior, para alumnos de Bachillerato. 1957). La mitad de la clase nos leía en francés una novela “Pas de Prêtre entre toi el moi”, de Pierre L´ermite (l-01-1933) publicada por Maison de la Bonne Presse). (Pierre L´ermite, 1863-1959).
El título dice ya el planteamiento del libro: una sociedad cada vez más secularizada y adulta al margen de la tutela religiosa católica en Francia.

Uno de los cuatros claustros del Seminario de Zaragoza.

Nuestras tertulias de sobremesa solían ser muy interesantes. Comentábamos los acontecimientos a través de la prensa local, nacional, y alguna prensa de tirada internacional como Le Monde, La-Croix, L´Observatore Romano, La República, La Stampa, y el periódico Ya, de la Editorial Católica S.A,Vida Nueva, la revista “S P”, La Vanguardia, Ecclesia, Destino, El Diario de Madrid, Triunfo, etc. El Heraldo de Aragón, El Noticiero y Amanecer se recibian puntualmente todos los días.
En los temas de nuestras discusiones estaba en el fondo la filosofía existencialista sobre el problema humano muy atrayente para nosotros en aquellos años. El aburrimiento, la alegría, la angustia, el adulterio por compasión, la eutanasia, el boxeo como cáncer moral, la talidomida, cuyo problema estaba apareciendo en niños nacidos en aquellos días fueron temas muy debatidos. Alguien sugirió también la experiencia prematrimonial, etc. El cine forum fue un medio importante para nuestras reflexiones.
Completó nuestra preocupación por lo humano la campaña del Arzobispo Morcillo de la fabricación de adobes para la construcción de complejos parroquiales en los barrios de Zaragoza. Barrios que constituyeron el primer cinturón humano de la cuidad. Además teníamos como objetivo nuestra aportación como sacerdotes en Hispanoamérica.
Nuestra inquietud era grande. Traíamos libros clandestinamente de fuera de España y que luego copiábamos a ciclostil para distribuirlos entre nosotros. Hubo intercambio en este sentido con los Seminarios de Bilbao, Barcelona, Valencia y especialmente con el Seminario Hispanoamericano de Madrid. Todo ello iba forjando nuestra forma de ser y ampliando nuestra visión sobre el mundo. Del curso de Pedro Roche salieron los Curas Guerrilleros en la Guerrilla de Colombia (Ejército de Liberación Nacional, “los Elenos”), como Manuel Pérez Martínez, José Antonio Jiménez Comín que dieron su vida en la defensa de los pobres, así como mi compañero de curso Domingo Laín Sanz. También salieron del curso de Pedro otros buenos sacerdotes como el actual Deán de la Catedral de La Séo y del Pilar, Manuel Almor Moliner, Jesús Moliné Labarta, Obispo de Chiclayo-Perú, Julián Francés Felipe, Simón Perulán Valero, etc. Y hombres como el Dr. Francisco Salvador Conget López, Neumólogo en el Hospital Clínico Universitario “Lozano Blesa”, y su hermano Manuel Conget López, Profesor de Educación Física, el Periodista Radiofónico  Plácido Serrano Valencia, Pepe Borras Gualis, Secretario Judicial, etc., pertenecieron al mismo curso. Pedro dejó el Seminario al finalizar la Filosofía.
Nuestra tendencia era siempre ir a la raíz de los problemas.
Gimnasia, deporte, paseos, excursiones, museos, música, gregoriano y polifonía, teatro, meditación y reflexión, estudio, mucho estudio, y catequesis en los barrios de trabajadores de Zaragoza, eran las actividades de nuestra vida en el seminario. Compartimos representaciones de obras de teatro con el Colegio de Santo Tomás de Aquino de los Labordeta. Competimos deportivamente con los cadetes de la Academia General Militar. En la Operación Adobes convivimos con estudiantes universitarios, jóvenes de Acción Católica y de la JOC, con voluntarios e incluso con soldados del Ejército Español.
Estos fueron los escenarios en los que Pedro Roche pasó de niño y de joven: Seminario Menor de Alcorisa y Seminario Mayor de Zaragoza. Todavía no me he encontrado a nadie que habiendo pasado por el seminario se haya arrepentido de haberlo hecho. Al contrario, todos están satisfechos y lo recuerdan con una cierta emoción.
Buscábamos el origen de los problemas para dar con soluciones acertadas. Levantábamos las alfombras sin conformarnos con tenerlas limpias por arriba. Deseábamos ser radicalmente justos, sin preocuparnos si éramos políticamente correctos.


Seminario de Zaragoza. Hoy Ayuntamiento.

Con estos mimbres básicos Pedro fue forjando su vida. Primero como estudiante en la Universidad, y después como profesor.
Cuando dejó el Seminario en junio de 1962, Pedro tenía 19 años recién cumplidos, había estudiado cinco años de Humanidades y tres de Filosofía.

Zaragoza, junio de 2015
Laureano Molina Gómez.

(Ver más información importantísima en “Un referente para la educación, el turolense Pedro Roche”, de Bernardo Bayona, profesor de Filosofía, jubilado, ex senador y ex diputado,+ en Fórum Aragón, nº 15, mayo de 2015. Páginas 71-74.
http://feae.eu/wp-content/uploads/2014/05/Forum-Arag%C3%B3n-15.pdf   

 Más sobre Pedro Roche en el 2º aniversario de su muerte.


 PEDRO ROCHE ARNAS, IN MEMORIAM
Bernardo Bayona Aznar

El 3 de marzo de 2015 falleció en Madrid Pedro Roche Arnas, a los 71 años, sin haber podido disfrutar de la jubilación, a la que había accedido un año antes, porque en seguida le apareció un cáncer insuperable.

El profesor Pedro Roche fue socio fundador de la Sociedad Española de Filosofía Medieval
en 1990 y participó muy activamente en todas las actividades de la SOFIME, de la que fue
director desde 2004 hasta 2012. Organizó y dirigió el Vº Congreso de Filosofía Medieval, sobre
«Pensamiento político en la Edad Media», celebrado en Alcalá de Henares en diciembre de
2008; y codirigió con Josep Puig el XIX Coloquio Anual de la Sociedad Internacional para el
Estudio de la Filosofía Medieval (SIEMP), con el tema «Legitimation of Political Power in
Medieval Thought», que se celebró igualmente en Alcalá en septiembre de 2013.

Nacido en Albalate del Arzobispo (Teruel), el 21 de junio de 1943, pudo estudiar porque a
los once años fue enviado al Seminario Menor de la diócesis en Alcorisa (Teruel), como tantos
otros niños de pueblo que no tenían otra oportunidad para estudiar en aquella larga postguerra.
De allí pasó al Seminario Mayor de Zaragoza y, en 1962, tras haber cursado ya cinco años de
Humanidades y tres de Filosofía, marchó a la Universidad Pontifica de Salamanca, donde se
graduó como Bachiller en Filosofía (título específico de las Universidades Pontificas equivalente
al actual Grado) y obtuvo la licenciatura en Filosofía y Letras, Sección Filosofía. Realizó cursos
de doctorado en esta misma Universidad y, posteriormente, en la Universidad Complutense de
Madrid, en la que obtuvo el título de Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación en 1990, tras
décadas de docencia en la Enseñanza Media y de gestión educativa.

En 1967 aprobó las oposiciones a Profesor Agregado de Institutos Nacionales de Enseñanza
Media y al año siguiente las de Catedrático de Enseñanza Media. Ante la carencia de posibilidades
de acceder a la docencia universitaria en aquella época, los egresados más preparados y con
mejor expediente, si carecían de otros recursos familiares, solían opositar a este prestigioso
cuerpo, que era entonces el segundo cuerpo docente del Estado y en el que iniciaron su carrera
académica no pocos de los más brillantes catedráticos de la Universidad española de las décadas
siguientes. Ejerció como profesor de Filosofía de Bachillerato en los Institutos Nacionales de
Enseñanza Media de Albacete (1967-69); Peñarroya-Pueblonuevo (Córdoba, 1969-74); «Práxedes
Mateo Sagasta», de Logroño (1974-80); «Goya», de Zaragoza (1980-1995, estando en
situación administrativa de «servicios especiales» desde 1983); e «Isabel la Católica», de
Madrid (1995-2004). En su primer destino, Albacete, también enseñó Filosofía en el Colegio
Universitario. Y, desde el curso 1995 a 2002, compatibilizó su cátedra en el Instituto de Enseñanza
Secundaria «Isabel la Católica» con una plaza de profesor asociado en el Departamento
de Historia I y Filosofía de la Universidad de Alcalá; primero, a tiempo parcial y, luego, a
tiempo completo, en aplicación de un convenio de la Comunidad de Madrid. En 2004 fue
nombrado profesor contratado Doctor y, finalmente, obtuvo plaza de profesor titular en esa
misma Universidad.

De espíritu inquieto e inconformista y con un intenso sentido de la justicia, Pedro Roche
albergaba, además, un animoso sentimiento de cooperación y un acuciante sentido de la responsabilidad, que lo llevaron a comprometerse en la lucha por reformar los espacios de traba a los que pertenecía.Ya en sus años de estudiante salmantino fue nombrado delegado sindical
de la Pontificia Universidad, planteando reivindicaciones y participando en reuniones, algunas
clandestinas, como una celebrada en Barcelona en 1965, por la que sería públicamente
recriminado. En los últimos años de la dictadura franquista y durante la transición a la democracia
fue secretario general de la Asociación Nacional de Catedráticos de Bachillerato
(ANCABA); se afilió a FETE (UGT), cuando consiguió convencer a la ejecutiva de este sindicato
de la justicia de sus reivindicaciones; y, en los últimos años, participó activamente en la
Fundación Educación y Ciudadanía, impulsada por Luis Gómez Llorente dentro del sindicato
socialista. Desde 1983 hasta 1987 desempeñó la función de director provincial del Ministerio
de Educación y Ciencia en Teruel. En esta ciudad formó parte de los Patronatos del Colegio
Universitario y de la Universidad de Verano y fue miembro fundador del Centro Asociado de
la UNED, de cuyo Patronato fue vicepresidente. Luego, entre 1987 y 1996, ejerció como subdirector
general de direcciones provinciales del MEC, encargándose de coordinar, supervisar y facilitar el trabajo de los directores provinciales de la mayor parte de España hasta las transferencias de las competencias educativas a todas las Comunidades Autónomas. Por último, como docente universitario, fue miembro del Claustro y de la Mesa del Claustro de la Universidad de Alcalá y de la Junta de la Facultad de Filosofía de esa Universidad.

Pedro Roche mantuvo dos grandes preocupaciones a lo largo de toda su dedicación a la
educación, como profesor y como gestor: la dignificación de la escuela rural y la conexión
entre el profesorado de Bachillerato y el de la Universidad.

Como responsable de la administración educativa la actuación de la que se sentía más
orgulloso fue la creación de los Centros Rurales de Innovación Educativa (CRIETs), como un
instrumento para apoyar la escuela rural. El profundo amor por su tierra y su fe en la educación
lo llevaron a comprometerse y a trabajar para que todos los niños de los pueblos más
pequeños tuvieran las mismas oportunidades de estudiar y de progresar en la vida que el hijo
de la elite más privilegiada. Se propuso mantener abiertas todas las escuelas, aunque el
número de alumnos fuera muy pequeño, y dotarlas de calefacción y de medios. Un pueblo sin
escuela, repetía una y otra vez, es un pueblo muerto. Su profundo sentido de lo público, y en
especial, su actitud hacia la escuela pública, le incitaban —decía— a devolver a la sociedad lo
que la sociedad le había dado. Por ello, encarnó la transformación de la escuela rural en la
democracia con nuevas ideas, con proyectos concretos, y apoyándose siempre en las personas.
Expresaba así esta confianza, en un emotivo artículo, «Colegio Gloria Fuertes: pasión y compromiso
», publicado en el libro El colegio de la luz (Zaragoza, 2008): «…teníamos algo de un
extraordinario valor, disponíamos del mejor caudal: maestras y maestros conocedores del
rumbo que debíamos imprimir y, al mismo tiempo, profundamente comprometidos e implicados
en su difícil y complejo trabajo; maestras y maestros convencidos de que la educación es
el principal instrumento con que cuentan las personas para su realización personal y las sociedades
para su desarrollo, cohesión e integración; maestras y maestros sabedores de que la
búsqueda de la equidad entendida como igualdad de oportunidades ante la educación obligatoria
debe aspirar a la igualdad de resultados y que, por ello, exigió, y exige, actuaciones
educativas preferentes destinadas a compensar positivamente determinadas desigualdades de
origen».

A la valoración de los CRIETs dedicó su tesis doctoral. Y, en reconocimiento a su actividad
gestora en el ámbito educativo no universitario, el Ministerio de Educación le concedió la
Encomienda con Placa de la Orden al Mérito Docente de Alfonso X el Sabio y el Gobierno de
Aragón la Cruz José de Calasanz al Mérito Educativo.

La segunda preocupación era el reconocimiento del mérito y capacidad de los profesores
de Bachillerato de los antiguos cuerpos de Enseñanza Media para poder acceder a la docencia
universitaria. Como secretario general de ANCABA, Pedro Roche negoció con los diferentes
ministros de Educación (Íñigo Cavero, Ortega y Díaz Ambrona o Mayor Zaragoza) el desarrollo
de dos artículos de la Ley General de Educación de 1970: el art. 115.2, que reservaba el
50% de las plazas de catedráticos de Escuelas Universitarias para concurso de méritos entre
catedráticos de Bachillerato; y art. 117, que posibilitaba su participación en oposiciones restringidas
a plazas de Agregados de Universidad. Ninguno de aquellos ministros de la UCD
fue capaz de sacar la Ley de Autonomía Universitaria (LAU). Y en 1983, siendo ya director
provincial de Educación en Teruel, consiguió, por mediación de quienes éramos ponentes
parlamentarios de la Ley de Reforma Universitaria (LRU), que el artículo 39.4 de esta ley
abriera los concursos de méritos para plazas de Escuelas Universitarias a los Catedráticos de
Bachillerato, aunque la decisión quedaba en manos de las Universidades, que nunca activaron
esa posibilidad. Esta batalla fue una obsesión de Pedro Roche, pero él no buscaba solo una
promoción personal, sino el reconocimiento de una carrera docente para los profesores de
Bachillerato, pues cuando ya era profesor universitario, siguió luchando, infructuosamente,
por la unidad de todos los niveles del sistema educativo, incluso en la tramitación de la actual
Ley Orgánica de Universidades (LOU).

El investigador universitario Pedro Roche centró su actividad investigadora, principalmente,
en la historia del pensamiento político medieval cristiano, más concretamente, en el
pensamiento teocrático y en las reacciones contra este, en especial, a comienzos del siglo XIV.
De hecho, el Vº Congreso Internacional de la SOFIME y el XIX Coloquio Anual de la SIEMP,
ambos organizados por él, versaron sobre la relación entre los dos poderes, el eclesiástico o
religioso y el civil o temporal. Sobre el conflicto doctrinal por la supremacía del poder entre la
Corte Francesa y el Papado en torno a 1300, trató también su participación en otros Congresos
y Coloquios. Así, fue ponente en el XVII Coloquio Anual de la SIEMP, celebrado en Porto
Alegre (Brasil) en 2010, con «Quaestio in utramque partem, o sobre la autonomía del poder
real in temporalibus»; y en varias ocasiones presentó comunicaciones sobre el pensamiento
teocrático de Egidio Romano: «La plenitudo potestatis en el De ecclesiastica potestate de
Egidio Romano» (XI Congreso Internacional de Filosofía Medieval, Oporto, 2002); «Iglesia y
poder en el De ecclesiastica potestate de Egidio Romano» (I Congreso Iberoamericano de
Ética y Filosofía Política, Alcalá de Henares, 2002); «Temporalia et dominium ecclesiae en el
De eclesiástica potestate de Egidio Romano» (IV Congreso Nacional de Filosofía Medieval,
Córdoba, 2004). En los últimos años trabajó, en el contexto de esa misma polémica doctrinal,
sobre la teoría de los dos poderes en Juan de París y sobre la obra anónima Rex Pacificus; y
acudió al VIº Congreso Internacional Iberoamericano de Filosofía Medieval (2012, Salamanca)
con «Autonomía in temporalibus y preeminencia social del poder laico en el anónimo Rex
pacificus Salomon». Y, desde 2006, realizó todos los años estancias de un mes en el Instituto de
Investigación en Filosofía Medieval Raimundus-Lullus-Institut de la Universidad de Friburg.

De sus publicaciones sobre el pensamiento medieval cabe mencionar la coordinación del
libro El pensamiento político en la Edad Media (Madrid, 2010) y la edición con B. Bayona de
las obras menores de Marsilio de Padua. Sobre el poder del Imperio y del Papa. El Defensor
Menor y La Transferencia del Imperio (Biblioteca Nueva, 2005). Colaboró asimismo en otras
obras colectivas con trabajos como: «El fin último del hombre según Avempace», en Pensamiento
medieval hispano. Homenaje a Horacio Santiago-Otero, v. II (CSIC, Madrid, 1998);
«¿Qué es filosofía para Avempace?», en Was ist Philosophie im Mittelalter (Walter de Gruyter,
Berlín-New-York, 1998). En esta Revista Española de Filosofía Medieval tiene publicado los
artículos: «La Ley en el Defensor Minor de Marsilio de Padua» (nº 2, 1995); «Una lectura medieval
del intelecto activo de Aristóteles» (nº 10, 2003); «San Agustín y Egidio Romano: de la distinción
a la reducción del poder temporal al poder espiritual» (nº 15, 2008). Y en diversas revistas
académicas especializadas: «La Plenitudo Potestatis en el Defensor Minor de Marsilio de
Padua» (Éndoxa, nº 6, 1995, UNED); «Iglesia y poder en el De ecclesiastica potestate de Egidio
Romano» (Anales del Seminario de Historia de la Filosofía (nº 24, 2007, Universidad Complutense);
o «Al César lo que es del César. Dos lecturas sobre el poder temporal: Hugo de san Víctor
y Egidio Romano» (Patristica et Mediaevalia, nº 31, 2010, Universidad de Buenos Aires).

Sobre cuestiones educativas, publicó el libro Los Centros Rurales de Innovación Educativa
de Teruel (C.R.I.E.T.s): respuesta de futuro a la nueva escuela rural (I.C.E. de la Universidad de
Zaragoza, 1993), y es coautor, con B. Bayona y otros, de la obra La Enseñanza de la Filosofía en
B.U.P. y C.O.U: visión de alumnos y profesores (I.C.E. de la Universidad de Zaragoza, 1982),
aparte de escribir variados artículos en revistas educativas y periódicos.

Pero del profesor Pedro Roche hay que destacar que, si le importaba la filosofía, más le
importaban los alumnos. Le satisfacía especialmente el reconocimiento de los estudiantes,
que le otorgaban las evaluaciones más altas. Cada año recibía una carta de felicitación de la
Vicerrectora de Calidad e Innovación de la Universidad de Alcalá y la felicitación fue aún
mayor y más gratificante en octubre de 2010: «por los excelentes resultados obtenidos en las
encuestas docentes en los últimos cinco años». Por ese motivo los estudiantes lo elegían y
reelegían para impartir la lección final de su graduación en el Paraninfo de Alcalá de Henares.
Y, por ello, no solo los compañeros, los cargos académicos y el rector anterior, sino también,
y sobre todo, los representantes de los alumnos lo recordaron con emoción y agradecimiento
en el espléndido y entrañable acto de homenaje que le rindió la Universidad de Alcalá en ese
mismo recinto cisneriano, al mes siguiente de su muerte, solo unos días después de la entrega
del Premio Cervantes de 2105.

Además de un profesor apreciado, un gestor responsable y un investigador notable, Pedro
Roche era, sobre todo, una gran persona, un hombre noble. Los que tuvimos la suerte de
tenerlo como compañero y amigo sabemos bien de su generosidad para facilitarnos las cosas,
de su constancia en los afectos y de su lealtad indeleble. Quizá era también lealtad lo que le
impedía dejar atrás todo lo que había sido su pasado, desde su pueblo en el que quiso ser enterrado
hasta la Universidad en que acabó su vida profesional, pasando por el amor a la jota, el
recuerdo de su juvenil Salamanca, el aprecio al cuerpo de catedráticos de Instituto, o el arraigo
en las instituciones a las que sirvió, como el Colegio Mayor Cerbuna de Zaragoza, los distintos
Institutos de Enseñanza Media o el Ministerio de Educación.

Como le costaba mucho desprenderse de las vivencias, despedirse de los amigos, abandonar
el pasado, marcharse de los sitios, tampoco tuvo nunca prisa por llegar a nuevos estadios
vitales, sino que entraba en ellos como se recoge la fruta en sazón: en la docencia universitaria,
en el matrimonio con Lola, su compañera y amiga desde el Instituto Sagasta de Logroño,
o en la paternidad. Por eso, cuando había cumplido todos esos estadios, se negaba a la evidencia
de que, al final, tenía que irse tan de prisa, sin que la vida le diera ni siquiera el tiempo de
ver terminar medicina a su hija Ana, la niña de sus ojos.

 BERNARDO BAYONA AZNAR


Revista Española de Filosofía Medieval, 23 (2016), ISSN: 1133-0902, pp. 11-14

1 comentario:

  1. Fui alumna suya en Logroño. Es el profesor más estimado que he tenido. Era Jefe de Estudios y a sus clases no faltaba nadie. Un día se enfadó cuando se entero que había faltas de asistencia en otras asignaturas. Él impartía Filosofía y me hizo amar la Lógica.

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