domingo, 14 de febrero de 2016

MUERTE INOCENTE POR LA REPÚBLICA



MUERTE INOCENTE POR LA REPÚBLICA

Había concluido la clase particular “de repaso” que el maestro jubilado D. Román García Gárate nos daba en su casa, en la calle San Bartolomé de Albalate del Arzobispo.
El compañero Lucio, era hijo del hojalatero, y apodado por nosotros “el orejas ratonadas”, por tener las aristas de ambas orejas como mordisqueadas por los sabañones que se le producían por el frío de los inviernos que padecíamos. Corría el año 1949. Yo tenía 12 años.
Lucio nos juntó en un rincón de la calle y nos contó lo que había escuchado en el taller de su padre, artesano de cántaros de cinc, pozales, sartenes, ollas, pucheros, vasos, jarras, aceiteras y demás utensilios de menaje; todos confeccionados y moldeados con fina chapa metálica. Él había oído a los clientes de su padre algo que ocurrió, al parecer, durante la Guerra Civil Española en el Monte Calvario de Albalate.
Me quedé impresionado pero quizás, por aquello de los resortes que toda persona humana desarrolla para seguir subsistiendo y para poder superar las penas y sufrimientos que la vida nos depara, lo olvidé completamente.
Nunca más llegué a oír hablar de ello.
Cuando me jubilé comencé a reflexionar sobre mi pueblo y sobre los acontecimientos ocurridos en tiempos lejanos. Fue entonces cuando volvió a mi memoria el recuerdo de aquello que nos había contado el compañero de clase, Lucio.

La gente mayor va desapareciendo de la escena activa del pueblo, y en especial de las vivencias de aquellos tiempos. No quería que las personas que podrían confirmar los hechos dejaran de existir.  Por eso comencé a preguntar sobre aquel hecho aterrador acaecido a partir del 13 de Marzo de 1938.
He podido lograr confirmarlo a través de varias personas, nueve testimonios sobre los hechos que lo ratifican, o de los hijos que se lo oyeron contar a sus padres. Fueron vecinos de los barrios aledaños al monte donde están ubicadas la capilla del Santo Sepulcro y las Estaciones del Vía Crucis. Son los barrios de “Las Cantarerías”, de “Muniesa”, y de “La Morera”. Barrios alejados del centro de la Villa donde solían vivir los albalatinos de menor poder adquisitivo. Posiblemente los más pobres, pero quizás los más solidarios.



Visión del pueblo desde el Calvario próximo al lugar de los hechos que se narran. Foto de Teodoro Félix Lasmarías.

Visión desde “El Palomar”. Años cuarenta. A la izquierda superior de la foto la mitad norte del Monte Calvario.

Muchos habían sido fusilados en Albalate a partir del Alzamiento Nacional del General Francisco Franco Bahamonde el 18 de Julio de 1936 contra la República Española.
En total, 37 fusilados por los milicianos venidos de Barcelona según se dijo en su día y recogido en nuestras historias.
Antes y después de esas fechas hubo también otros fusilamientos por parte de uno y de otro bando. Fueron crímenes horrendos que nunca más se deberían repetir.
Siempre recordaré lo que el abuelo Remigio y el tío Francisco me decían: “si nadie hubiera señalado a nadie con el dedo seguramente no se hubieran producido tantos muertos”.

Y es que en el período de la Guerra Civil, Albalate vivió unos años traumáticos y sangrientos, debido a que el pueblo cayó en manos de un bando y del otro en sucesivas ocasiones.
“La madrugada del 21 de Julio de 1936 comenzaba la guerra en el pueblo. Al caer la tarde el pueblo estaba a merced de los sublevados. Pero “el 30 de Julio la presión de la 2ª Columna anarcosindicalista mandada por Antonio Ortiz consigue que Albalate vuelva a ser dirigido por los republicanos. Fue el período de las Colectividades en el Bajo Aragón. Mas “el 13 de Marzo de 1938, Albalate era ocupado definitivamente por las fuerzas franquistas”. (José Manuel Pinar Piquer, 2001, “DE ILUSIONES Y TRAGEDIAS. Historia de Albalate del Arzobispo”, Edit. Ayuntamiento de Albalate del Arzobispo).

La avanzadilla del Movimiento Nacional del General Franco conquistó definitivamente el control de la Villa de Albalate. La represalia que se desató contra los que habían sido seguidores de la República, y en especial contra los que más destacaron en el Municipio, fue espantosa. La Guardia Mora de Franco saqueó algunas casas y violó a varias mujeres del pueblo. Los falangistas cortaron el pelo al raso a las mujeres republicanas, y  les obligaron a tomar aceite de ricino, especialmente a las que se habían quedado solas por estar sus hombres en el Frente Republicano.
Era una forma de vencer más a los vencidos, humillándoles ante todo el pueblo.

En ese ambiente de júbilo para unos y de terror para otros, hubo un muchacho discapacitado intelectual, entonces se le tenía como “el tonto del pueblo”, que siguió gritando por las calles ¡Viva la República!

Se llamaba José Ayuda Sotomayor. Le decían “El Pepa”.

Actualmente su nombre no me consta que esté reflejado en ningún documento, ni aparece inscrito en ninguna tumba del cementerio de Albalate del Arzobispo. Por eso escribo este relato para que su identidad no se pierda, y como homenaje a un muchacho, “inocente total”, debido a su discapacidad intelectual. ¡José, tu recuerdo permanecerá entre nosotros!

Un día hartos de oírle escuchar aquellos gritos algunos falangistas lo apresaron y lo subieron hasta el Monte Calvario, y allí en una pequeña explanada jugaron con el chico a simular una corrida de toros. La sangre se fue calentando y después de darle unos cuantos capotazos, le pincharon con banderillas, y le hirieron con la espada. El chico gritaba desesperadamente ahogados sus gritos por las risas eufóricas de sus verdugos.
Estando ya malherido le cogieron y le colgaron cabeza abajo por unas “rochas” que caían hacia “La Espartosa”, lugar colindante con el monte del Calvario.
Posiblemente el muchacho en un último momento tubo algo de lucidez antes de morir, cerró los ojos y se preguntó, ¿Pero qué he hecho mal esta vez?
Después de un rato teniéndole colgado sobre el precipicio, cortaron la cuerda que le sujetaba y se precipitó hacia el vacío.
Murió casi al instante malherido como estaba.
Los vecinos más próximos al lugar de los hechos, los del barrio de “Las Cantarerías”, de “Muniesa”, y de la “Morera” lo recogieron, lo envolvieron en una manta y le dieron sepultura.
Un silencio total se impuso en todo el vecindario. Todos callaron y no hubo más comentarios que los que se hacían en la intimidad de sus hogares.

Los “sobresalientes toreros” de aquella corrida especial de toros, tuvieron como toro a un ser humano, su prisionero. Del Monte Calvario posiblemente bajaron cantando aquello de:
Prietas las filas,
recias, marciales,
nuestra escuadras van
cara al mañana
que nos promete
Patria, Justicia y Paz.
Mis camaradas fueron a luchar,
el gesto alegre y firme el ademán;
la vida a España dieron al morir,
hoy Grande y Libre nace para mí.
Lánzate al cielo, flecha de España,
que un blanco has de encontrar;
busca el Imperio, que ha de llevarte
por cielo, tierra y mar.
Ya las banderas
cantan victoria
al paso de la paz;
y han florecido,
rojas y frescas,
las rosas en mi haz
Seguramente se sentían orgullosos trayendo a sus mentes aquella otra canción que decía:                                     
La herencia que me dejaron
mis hermanos al caer,
son las consignas de lucha
por el nuevo amanecer.

Todo el pueblo ahogó el recuerdo de aquel hecho infame y vergonzante por el martirio de un inocente que gritaba lo que le habían enseñado sus mayores y que con alegría él reproducía con su grito de ¡Viva la República!
La República era un sueño que quedó frustrado especialmente para la mayoría de los vecinos, los más pobres. “Murió la Utopía de los pobres”. Murió la IIª República Española.

Al día siguiente “los vencedores” y en las arengas que solían producirse en la Plaza de la Villa corearían al unísono:

¡Por el imperio hacia Dios, viva Franco, Arriba España!

Zaragoza 1º de Mayo de 2013

Laureano Molina Gómez
Ex Educador de Discapacitados Intelectuales.

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